Confederación Hidrográfica del Júcar, O.A.

Los trabajos hidráulicos

Entre 1900 y 1935, la oficina del Júcar incorporó a su denominación oficial la expresión hidráulica en contraposición al referente hidrológico del rótulo de la división entre 1865 y 1899. A partir de 1900 los trabajos hidráulicos o los servicios hidráulicos se convierten en el objetivo prioritario de la dependencia. Las denominaciones administrativas -aparentemente irrelevantes- revelan, sin embargo, enfoques técnicos diferentes de la cuestión del agua.

A continuación, se referenciarán los trabajos hidráulicos más representativos de la División del Júcar, dando por supuesto el contexto general de las intervenciones. Se prestará especial atención a los pantanos y a las obras de defensa y sólo se aludirá a los canales y a los abastecimientos y saneamientos urbanos.

 

3.1. Los pantanos: Proyectos y realizaciones

3.2. Obras de defensa

3.3. Canales de riego

3.4. Abastecimientos y saneamientos

 

3.1. LOS PANTANOS: PROYECTOS Y REALIZACIONES

Durante el siglo XIX, todavía los canales de riego eran considerados como la panacea tecnológica para ampliar los perímetros de riego. No obstante, había voces que señalaban las grandes ventajas de los pequeños pantanos de regulación anual para atenuar los estiajes estivales de modo que los pantanos debían preceder a los canales de riego. En este punto, es de justicia recordar al esforzado ingeniero Ramón García Hernández -durante años ingeniero-jefe de la División Hidrológica de Zaragoza y después director de la Comisión de obras de defensa de las provincias de Levante- que debe considerarse inspirador técnico de la política hidráulica del Estado del siglo XX.

Entre 1900 y 1935, en la división del Júcar hubo mucho proyectismo pero muy escasas construcciones de pantanos. En todo caso, el Plan Gasset (1902) y el Plan Nacional de Obras Hidráulicas (1933) son dos referentes centrales -aunque no exclusivos-del período analizado.

La División del Júcar en el Plan Gasset: El Plan Gasset consta de 205 obras hidráulicas programadas en toda España de las cuales se referencian en cuadro I las correspondientes a la División de Trabajos Hidráulicos del Júcar y Segura con el correspondiente número de orden con que se citan en el decreto (1902). La mayor parte de las propuestas de la División de Trabajos Hidráulicos del Júcar y Segura van dirigidas a la mejora de regadíos históricos y, en algún caso, se apostaba por la transformación de secanos en regadíos. Las presas programadas serían de pequeñas dimensiones, localizadas en afluentes lo más cercanos posible a las huertas tradicionales. Igualmente se proponían obras de mejora en antiguas presas (Tibi, Relleu, etc.). En otras palabras se estaban aplicando en la División del Júcar los criterios del ya jubilado inspector García Hernández.

 

Cuadro I

 

DIVISIÓN DE TRABAJOS HIDRÁULICOS DEL JÚCAR Y SEGURA, OBRAS HIDRÁULICAS INCLUIDAS EN EL PLAN GASSET (1902)

 

 ZONA

  OBRAS HIDRáuLICAS PROGRAMADAS

 1ª

Pantano de Azuebar (6), Pantano de la Viuda (60),

Pantano de Babor (170), Pantano de Servol (204)

 2ª

Canal y pantano de Arquela (67),

Pantanos de Buseo, Sot y la Olivera (10) 

 3ª

Pantano del Sabinar (126), Canal de Poliñá (128)

Riegos del Júcar (159), Pantano de Masamarejos (169), 

 4ª

Pantano de Tibi (4), Canal y encauzamiento del Vinalopó y nuevo pantano de Elche (65),

Pantano de Relleu (71),

Canal de Algar (80), Pantano de Isber 

 5ª

 Cuenca del Segura

 

   

Como se ha señalado anteriormente, la plantilla de ingenieros de la División -a lo largo de la segunda mitad del año 1900- elevaron a la Inspección General de Trabajos Hidráulicos propuestas de obras que finalmente se relacionaron numéricamente en el llamado Plan Gasset (1902). Inmediatamente, se seleccionaron aquellas propuestas de obras que pudieran maximizar los beneficios de las inversiones públicas, procediéndose a redactar los correspondientes proyectos. Los primeros proyectos de regulación prestaban atención prioritaria a perímetros de regadíos históricos, con seculares organizaciones de regantes.

La División pronto se desentendió de la ejecución de las obras (Buseo, Azuebar), constituyéndose en cada caso la correspondiente Junta de Obras. En general, surgieron grandes dificultades constructivas por la carencia de medios tecnológicos y pronto se evidenció la complejidad geológica de los vasos (permeabilidad, cimentación, etc.). Las obras de Azuebar -tras varios años de reconocimientos- se abandonaron. Por contra, el pantano de Buseo -finalizado en 1915- se convirtió en una obra modélica para su tiempo y donde Enrique González Granda demostró sus grandes dotes de ingeniero hidráulico

A lo largo de los años diez, la División prestó especial atención al canal del Algar. Los proyectos de Fernando Trenor Palavicino -en línea con la propuesta de Próspero Lafarga de 1900- y de Felipe Rivero bajaban la cota del canal al proyectar presas de menor altu­ra en los ríos de Callosa y Algar. No obstante, la obra se fue ralentizando, obteniéndose muy escasos resultados. También durante los años diez, atendiendo una petición del sin­dicato de Riegos de Almansa, Fausto Elío proyectó (1911) y ejecutó obras de mejora en el pantano de Almansa. Las obras comenzaron en 1914 pero, a principios de los años treinta, todavía no había concluido el plan de modernización de sus acequias.

En síntesis, a principios de los años veinte, los objetivos del Plan Gasset se habían mostrado excesivamente ambiciosos. Excepto el embalse de Buseo y las obras de reforma en antiguos pantanos (Tibi, Elx), se mantenía la misma situación de 1900.

Pantanos de iniciativa privada: Además del Estado, la iniciativa privada -en los años finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX- también abordó obras de regula­ción fluvial. Merecen especial atención las surgidas en la cuenca del Millares. En los años finales del siglo XIX, los hermanos Antonio y Carlos Barrachina -al amparo de la ley de auxilio y subvención a los canales y pantanos de riego de 27 de julio de 1883 ­solicitaron concesiones para construir varios pantanos en la Plana (rambla de la Viuda, riu de Betxi).

En 1905, la Junta de Regantes de la Plana presentó para su aprobación dos proyectos de pantanos (Maymona, Villahermosa) para represar aguas invernales capaces de atenuar los duros estiajes veraniegos en los regadíos históricos de la Plana. Una Real Orden de 15 de junio de 1910 otorgó la concesión a la Junta de la Plana.

Los primeros pasos de las obras del pantano de la Viuda -después denominado de María Cristina- fueron dados por el concesionario Antonio Barrachina que en 1895 pre­sentó el preceptivo proyecto. En 1900, el ingeniero Miguel Massanet incluyó la obra en las propuestas de la División de Trabajos Hidráulicos del Júcar y Segura para que fuera recogida por el Plan Gasset (1902). A principios de 1901 -verificado el replanteo- se ini­ciaron las obras con arreglo a la Ley de 27 de julio de 1883. Poco después, la Sociedad General de Riegos de Barcelona adquirió la concesión y procedió a verificar estudios complementarios que dieron lugar a un nuevo proyecto redactado por el ingeniero Manuel Morales Tello que fue aprobado por Real Decreto de 31 de marzo de 1913. A principios de los años veinte, Saturnino Salas Orodea era el ingeniero-director de la Junta de obras del pantano. Las obras se inauguraron oficialmente en mayo de 1925.

Nuevos criterios de regulación fluvial: Avanzados los años diez y a lo largo de los años veinte, se articularon nuevos criterios en el proyectismo de las presas. Los pequeños embalses ubicados en afluentes inmediatos a los regadíos históricos dieron paso a proyectos de embalses localizados en los cauces principales. Paulatinamente se avanzó también hacia proyectos de hiperembalses en cabecera de los grandes ríos para la regulación interanual.

Los cambios de criterio -al que no fueron ajenos nuevas tecnologías constructivas- se manifestó en las nuevas capacidades de los embalses proyectados (varían decenas de Hm3 y pronto se sobrepasó la centena de Hm3). En este contexto, se redactaron los anteproyectos de Beniarrés (Carlos Dicenta. 1925), de Artaj (Marqués, 1916), de Benagever (Fausto Elío, 1920), del anteproyecto de Alarcón (incluido en el plan de estudios de 1921), etc.

Cada vez más se planteaba la necesidad de regular las cuencas fluviales. El 8 de noviembre de 1928 se dispuso el estudio de la regulación del Millares. Como consecuencia, la Comisión de Estudios Geológicos para la Construcción de Obras Hidráulicas redactó un informe -firmado por Clemente Sáez y Primitivo H. Sanpelayo el 11 de diciembre de 1928- acerca de la cerrada de Babor y de las fuentes de Babor y Masrojos ubicadas dentro del primitivo emplazamiento de la presa.

Tal vez, la expresión más clara de los nuevos criterios de regulación fluvial en la Delegación de Servicios Hidráulicos el Júcar sea el nombramiento de Fausto Elío Torres -en noviembre de 1932- como ingeniero-director de las obras de regulación y aprovechamiento de los ríos Júcar y Turia y sus afluentes. En todo caso, este nombramiento es paralelo a otros en el Tajo, Guadiana, etc.

Pantanos para abastecimiento urbano: A principios de 1926, el pequeño embalse de Buseo era la única obra de regulación en el Turia, diseñada para mejorar las dotaciones de la Huerta de Valencia en momentos de estiajes extraordinarios. No obstante, las demandas eran crecientes, especialmente de la ciudad de Valencia que iba incrementando sus necesidades.

Una Real Orden de 22 de septiembre de 1926 concedió al Ayuntamiento de Valencia el derecho a derivar del Turia 19.000 m3 diarios que, sumados a los 6.000 autorizados en 1845, totalizarían 25.000 m3 diarios para el abastecimiento urbano. En otras palabras, la ciudad podría disponer de una dotación de 80 litros por habitante y día.

La concesión desencadenó un gran malestar en la Huerta. A lo largo de 1927, se sucedieron diferentes incidentes, además de la interposición del correspondiente recurso, que motivaron un viaje del ministro de Fomento (conde de Guadalhorce) quien buscó una aproximación entre personas usuarias. Una Real Orden de 18 de diciembre de 1927 materializó el acuerdo alcanzado consistente en la construcción de presas de regulación en el río Turia para asegurar la necesaria dotación de la ciudad e incrementar la de la Huerta recurriendo inclusive a las captaciones subterráneas.

En el plazo de los tres primeros meses de 1928, la División Hidráulica del Júcar redactó tres proyectos (Pantano del Conquete o del Molino del Marqués, Pantano de Domeño firmado por Fausto Elío y Pantano de Loriguilla suscrito por Carlos Dicenta) que, en cada caso, ofrecían dos alternativas de capacidad. Se hablaba de unos embalses de unos 20 Hm3. Rápidamente se tomó la decisión de construir la presa de Loriguilla, reservando Domeño y Conquete para atender futuras demandas.

No obstante, el proyectado embalse de Loriguilla era a todas luces insuficiente para las demandas previsibles. Había llegado el momento de activar el anteproyecto de Benagever que en 1912 había sustituido al pantano de Antela referenciado en el Plan Gasset. Fausto Elío Torres (1930) concluía el proyecto del pantano de Benagever del cual el ingeniero se sentía singularmente satisfecho. Era, sin duda, uno de los proyectos sobre el que más había reflexionado durante los años vividos al frente de la zona 2ª de la División.

Los pasos siguientes son acelerados. Carlos Dicenta (1931) redactó el proyecto reformado del pantano de Benagever y, poco tiempo después, llegaba la oferta de Peña Boeuf de aplicar sus innovaciones tecnológicas a la construcción de la nueva presa. A principios de 1933, comenzaban las obras del que, en los primeros años, sería denominado pantano de Blasco Ibáñez.

Las empresas hidroeléctricas y la regulación fluvial: Desde principios del siglo XX, numerosas minicentrales eléctricas estaban operando en las márgenes de los ríos para abastecimientos locales. En la medida que se resolvieron los problemas del transporte eléctrico a largas distancias, el minifundismo hidroeléctrico dio paso a una rápida simplificación empresarial por compra de concesiones.

En este contexto, cabe destacar la rápida expansión de la Sociedad Hidroeléctrica Española S. A. en el Júcar medio (Salto de Molinar, Cortes y Millares, Villora-Batanejo). En cabecera del Júcar operaba la S. A. Eléctrica de Castilla (Salto de Villalba). En la cuenca del Turia actuaban la Sociedad Valenciana de Electricidad, Electra de Levante, Portlux, etc. También las había en los otros ríos de la División. Pese a las protestas de los regantes históricos, algunos saltos se dotaron de pequeñas presas de regulación.

El panorama se modificó sustancialmente por los reales decretos de 27 de julio de 1928 y de 19 de abril de 1929 que fijaban las reglas a seguir para determinar la cuantía de las cooperaciones que debían aportar los usuarios industriales en las obras de regularización de los ríos. Acogiéndose a ellos, varias empresas solicitan la concesión de regular los ríos Turia y Júcar.

El 31 de julio de 1928, Regadíos y Energía de Valencia S.A. (REVA) presentó cinco peticiones de aprovechamientos del Turia. Los proyectos de la empresa solicitante se referían exclusivamente a la obtención de hidroelectricidad y no contemplaban ninguna derivación para regadíos. En síntesis, REVA proyectaba las siguientes obras:

  1. El pantano y salto del Marqués -con presa de 95 m. de altura capaz de embalsar 232 Hm3- se dotaría de una instalación hidroeléctrica de 37.700 HP de potencia a pie de presa.
  2. El salto de los Frailes se componía de una pequeña presa de derivación (5 m. de altura) y un canal de 6,7 Km. El salto se equipararía con 17.000 HP de potencia.
  3. El pantano y salto de Librería dispondría de una presa de 47 m. de altura capaz de represar 26,5 Hm3 y la potencia instalada alcanzaría los 18.000 HP. Esta obra era condicional a los estudios en curso sobre Benagever. Si se le autorizaba REVA construiría la presa y salto de Benagever (75 m. de altura, 127 Hm3 de capacidad y una potencia de 28.480 HP).
  4. El salto de Domeño arrancaría de una presa movible de 11,5 m. y se contemplaba un canal de 16,2 Km. que permitiría instalar 24.300 HP de potencia.
  5. El pantano y salto de Loriguilla -presa de 48 m. de altura y capacidad de 53,9 Hm - se equiparía con 43.070 HP.

 

Este ambicioso plan de REVA fue paralizado por una Real Orden de 13 de mayo de 1929 que frenaba la tramitación de todos los expedientes de aprovechamientos del Turia hasta la construcción del pantano de Loriguilla (que debía dotar convenientemente a la ciudad y la huerta de Valencia). Una Real Orden de 29 de mayo aclaraba que la suspensión sólo se refería al tramo del río ocupado por el pantano de Loriguilla.

No menos ambiciosos eran los proyectos de la Sociedad Hidroeléctrica Española S.A., REVA y del empresario Fernando del Portillo Valcarcel entre 1930 y 1932 para regular la cuenca media del Júcar. Las tres propuestas -coincidentes en sus piezas básicas- merecerían un largo comentario porque representaban la concurrencia de iniciativas empresariales en la regulación fluvial de un río estratégico en la futura planificación hidráulica de la fachada mediterránea española.

La plantilla de ingenieros del Júcar y el Plan Nacional de Obras Hidráulicas (1933): El Plan de 1933 -también conocido como Plan de Lorenzo Pardo- constituye un hito en la planificación hidráulica española. Muchas personas investigadoras han valorado su significado y objetivos desde muy diferentes enfoques. Recientemente, el Plan ha sido reeditado por el Ministerio de Obras Públicas, precedido de valiosos estudios que contextualizan la labor de Lorenzo Pardo y su equipo. No parece necesario abundar en argumentos publicados. Por contra, puede apuntarse una breve nota del Plan desde la entonces denominada Delegación de Servicios Hidráulicos del Júcar.

De entrada, cabe recordar que, a fines de 1931, Indalecio Prieto fue nombrado ministro del recién creado Ministerio de Obras Públicas. En el organigrama del nuevo ministerio, se organizó una Dirección General de Obras Hidráulicas y, dentro de ella, la Sección de Planes Hidráulicos. Indalecio Prieto situó al ex-director de la Confederación del Ebro al frente de la sección de planificación hidráulica. Durante los primeros meses de 1932, Lorenzo Pardo preparó las bases del futuro Plan y reunió el equipo humano necesario que sería el germen del Centro de Estudios Hidrográficos (creado el 22 de febrero de 1933).

A lo largo de 1932, Manuel Lorenzo Pardo se desplazó a Valencia en numerosas oca­siones para conocer en profundidad los proyectos de la Delegación de Servicios Hidráulicos del Júcar, las demandas de regadíos y los planes de regulación de los ríos, especialmente del Turia y Júcar. Al parecer, sus interlocutores principales fueron José Marqués, ingeniero-director de la Delegación y Fausto Elío Torres, ingeniero-director de las obras de regulación del Turia y del Júcar.

A fines de 1932, Indalecio Prieto tomo una decisión fundamental sobre la cual se articularían otras piezas de la planificación hidráulica en la fachada mediterránea. Por un decreto de diciembre de 1932, la regulación del río Júcar correspondería a la iniciativa del Estado y se suspendían los estudios de las empresas hidroeléctricas (REVA, Fernando del Portillo y Valcarcel, Hidroeléctrica Española), autorizados en su día por el conde de Guadalhorce (decretos de 1928 y 1929). Indalecio Prieto -aconsejado por Lorenzo Pardo e, indirectamente, por Marqués y Elío Torres- primaba los regadíos en la regulación del Júcar y supeditaba los aprovechamientos hidroeléctricos a los intereses nacionales.

A principios de 1933, Indalecio Prieto convocó en Alicante una magna asamblea de regantes de Valencia, Murcia y Almería. El ministerio presentó las directrices del Plan en el que estaban trabajando el personal técnico del futuro Centro de Estudios Hidrográficos, después, Manuel Lorenzo Pardo avanzó a los regantes la filosofía del futuro Plan, las líneas generales de actuación en las cuencas del Júcar y del Segura y la propuesta de trasvasar aguas de la cabecera del Tajo para atender demandas del Segura. Entre otras cosas, Lorenzo Pardo dijo:

"Bastará para ello verter primero al Júcar las aguas recogidas en aquella cabecera (la del Tajo) y hacerlas salvar después la distancia que media entre el lugar en que el Júcar se desvía para dirigirse a Cofrentes y la cuenca del Mundo... (En el Plan) el Júcar es aprovechado como emisario; pero no se limitará a desempeñar ese papel, ya importantísimo, sino que pasa a ser el río capital (del Plan), distribuidor de la gran merced de toda la zona.

Efectivamente: pasadas las hoces de Cuenca, se encuentra Alarcón, lugar muy ade­cuado para la creación de un gran embalse regulador que viene a ser un distribuidor de cabecera, y al citar por primera vez este nombre, me complazco en rendir un tributo de justicia hacia su verdadero inventor, el ingeniero D. Fausto Elío, cuyo conocimiento del país y de sus problemas económicos e hidráulicos, ha ilustrado aquella parte del Plan; a quien debo la colaboración de su gran competencia y cuyas elevadas condiciones morales de desinterés y modestia han servido de sostén a mi espíritu en horas amargas de desilusión y desesperanza.

El pantano de Alarcón será el centro del nuevo sistema. Las aguas destinadas a la zona murciana y andaluza irán por un canal; y las destinadas a la zona valenciana seguirán por el Júcar hasta las presas de derivación de los canales de riego". La conexión Júcar-Turia -desde la presa de Tous- liberaría dotaciones para el canal de LIiria, "que no permite garantizar el pantano en construcción de Blasco Ibáñez".

Pocos meses después, se presentó el Plan Nacional de Obras Hidráulicas a información pública. Había comenzado un gran debate técnico y político.

 

 

3.2. OBRAS DE DEFENSA

Entre 1900 y 1935, la oficina del Júcar realizó numerosas intervenciones en los cau­ces fluviales. Cuando se haga un análisis exhaustivo de los proyectos, podrán reconstruirse diferentes etapas en función de las técnicas utilizadas y elaborar una monografía de geomorfología fluvial. No en vano, los proyectos y las liquidaciones se acompañaban de cartografías con minuciosas indicaciones de las actuaciones.

Cabe recordar que la Ley de 11 de junio de 1911 municipalizó los proyectos de defensa. Hasta entonces, había sido posible -al menos en teoría- considerar la traslación de los efectos de las intervenciones. El sistema de financiación de la ley de auxilios de 1911 cerraba en la práctica estos planteamientos y segmentó los cauces por términos municipales al ser la financiación municipal complementaria de las aportaciones del Estado.

La Ley de auxilios de 1911 ha tenido gran trascendencia en los trabajos hidráulicos "menores". En ocasiones los ayuntamientos la utilizaron para generar empleo, especialmente en las coyunturas económicas más depresivas (crisis de la filoxera, primeros años de la II República), en otros casos, sirvió para urbanizar las márgenes fluviales como paso previo a ambiciosos proyectos de desarrollo urbano. Con todo, la mayor parte de las obras de defensa proyectadas por la División del Júcar siguieron a inundaciones de pueblos y ciudades.

Obras de defensa en la Ribera: El llano de inundación del Júcar fue objeto de repeti­das actuaciones de la División Hidráulica. La actividad de Fausto Elío está bien documentada entre 1906 y 1931 en Alzira, Albalat, Polinyà, Riola, Sueca y Carcaixent con varias decenas de proyectos, obras y liquidaciones.

En los años finales del siglo XIX la defensa contra las inundaciones de Alzira -al menos desde 1864- había motivado tres proyectos de la División Hidrológica del Júcar y Segura que no superaron la aprobación de la Junta Consultiva. Finalmente, Enrique González Granda -posterior ingeniero-director del pantano de Buseo- redactó en 1899 un proyecto de defensa con sujeción absoluta a las directrices de la Junta Consultiva. Era un proyecto muy agresivo porque modificaba el acceso norte a la ciudad, derrocaba el puente medieval de la entrada de Valencia y una lienzo de la muralla islámica, eliminaba el meandro que rodeaba el recinto histórico convirtiéndolo en vial, desviaba un cauce (Barxeta) y levantaba una mota periurbana. La primera parte de las obras -dirigidas por Fausto Elío- se prolongaron entre 1905 y 1924. La mutación de la imagen de la ciudad ha sido radical, perdiéndose los elementos fluviales representativos de la Alzira (AlGezira) islámica. El puente de hierro, los pretiles de mampostería y una parte de cerramiento perimetral identifican una reforma y unos criterios de defensa que hoy merecería un tratamiento muy diferente.

Albalat de la Ribera -situado inmediatamente aguas abajo de Alzira- también fue objeto de actuaciones sucesivas. La población se emplaza en el lóbulo de un meandro donde el río erosionó el camino hacia Algemesí. Entre 1905 y 1930 se suceden proyectos suscritos por Fausto Elío donde ensaya espigones y diques en las orillas cóncavas del meandro.

La División también intervino en Carcaixent. Entre 1921 y 1931, Fausto Elío -encargado de la zona 2ª- redactó el proyecto y los reformados para defensa de la población contra las inundaciones del Barranc de Gaianes. Las obras -dirigidas por Rafael Montiel Balanzat-se liquidaron en 1935.

También se proyectaron obras de defensa en Carlet. Fausto Elío Torres es autor del proyecto de defensa de Carlet contra las inundaciones del río Magro (1918). Tras un replanteo (1927) y dos reformados (1929, 1931) del mismo ingeniero, Rafael Montiel firmó un tercer proyecto reformado (1932) y la liquidación de la obra (1933). Dos años después, Marcelo Azcárraga presentaba un proyecto de ampliación de las obras de defensa de Carlet (1935).

Obras de defensa en el Vinalopó: Otro grupo de obras de defensa tuvieron como motivo la cuenca del Vinalopó. En la mayoría de los casos, los proyectos fueron redactados por el ingeniero responsable de la zona 3ª.

En 1901, Enrique González Granda redactó un proyecto de defensa de las huertas de Beneixama que fue devuelto por el Consejo de Obras Públicas señalando varias prescrip­ciones. Años después, la crisis de la filoxera y la pertinaz sequía reactivó el proyecto por la presión del Ayuntamiento y del diputado José Puig Boronat. En consecuencia, Manuel Corsini Senespleda (1910) redactó un nuevo proyecto de gran interés porque cartografía con gran precisión los flujos de desbordamiento y el área inundable del cono de deyección del alto Vinalopó.

También Villena fue objeto de atención de la División. En 1903, Fernando Juan Burriel -autor del proyecto de Buseo- redactó el proyecto de canal de desviación de las avenidas del Vinalopó en las inmediaciones de Villena. Tiempo después, Felipe Rivera Ferrer (1907) presentó un reformado y un proyecto de prolongación del canal de desviación de las avenidas del río Vinalopó en Villena hasta la presa de Sax. La liquidación de la obra la realizó Francisco Manares Llavera (1918).

En la desembocadura del Vinalopó también hubo proyectismo. Fausto Elío (1910) redactó un proyecto de mejora del cauce del río Vinalopó entre el pantano de Elche y el mar. En realidad, el ingeniero proponía un desvío del cauce hacia la albufera de Santa Pola, en consonancia con las demandas sociales de aterramiento de las zonas húmedas. Este proyecto formaba parte del Plan Gasset, a propuesta del ingeniero Lafarga.

Otras obras de defensa: La División redactó y ejecutó otros proyectos de defensa de otras poblaciones, entre las que pueden citarse Benixembla (1903), el Verger (1921), Calles, (1925), Pedralba (1924), marjal de Almenara (1933), Sagunt (1934), desemboca­dura del Barranc de Torrent en la Albufera (1934), etc. Entre las intervenciones más anti­guas, merece citarse Utiel en los primeros años del siglo XX.

 

 

3.3. CANALES DE RIEGO

La División del Júcar operaba en el "país clásico del regadío" si se quiere hacer uso de la repetida definición de gran número de tratadistas procedentes del extranjero que los visitaron con diferentes objetivos desde Jaubert de Passa hasta Jean Brunhes. Azudes, acequias, canales, azarbes, escorredores, sifones, partidores y pequeños pantanos eran componentes básicos de los perímetros históricos del regadío. Las plantilla de ingenieros de la División también intervinieron en ellos y proyectaron nuevos canales de riego.

Mejora de regadíos históricos: Entre las obras programadas en el Plan Gasset (1902) figuraba un canal y  encauzamiento del Vinalopó y nuevo pantano de Elche, propuesto por el ingeniero Próspero Lafarga. Al parecer, se redactó el proyecto de pantano aguas arriba del que estaba arruinado. No obstante, se optó por construir un largo canal rodeando el pantano por la margen sur. El nuevo canal tomaba las aguas del Vinalopó en la cola del pantano inutilizado hasta conducirlas -mediante túneles y acueductos- al inicio de la ace­quia mayor. El canal concluido en 1914 beneficiaba las 7.000 hectáreas de regadío del bajo Vinalopó.

Avanzados los años veinte y, sobre todo, durante los años más depresivos de los treinta, se inició el programa de revestimiento de acequias. Al amparo de la ley de auxilios de 1911, se generaba empleo en comunidades rurales donde abundaban personas arrendatarias y braceras. Entre otros, pueden citarse las obras de modernización de acequias en Almas sora, Sagunt, etc.

Nuevos canales: La construcción de canales para nuevos regadíos resultó casi irrelevante por los escasos resultados en la construcción de embalses. Sin infraestructuras de regulación, la apertura de nuevos canales no era operativa.

La idea de un canal de riego -alimentado de los ríos Callosa y Algar y con destino hacia el bajo Vinalopó- quedó plasmada en un proyecto redactado por Francisco Morell (1866). El canal -de casi 100 Km. de longitud y 5,5 m. de sección- crearía una gran superficie de regadío en el litoral comprendido entre Altea y los regadíos históricos de Elx. Así formulado, era un proyecto utópico.

No obstante, en 1900 el ingeniero Próspero Lafarga -encargado de la zona 4ª de la División de Trabajos Hidráulicos del Júcar y Segura- recuperó la idea del canal del Algar para su inclusión en el Plan Gasset, aunque reduciendo las dimensiones del canal (20 Km. de longitud y 4 m. de sección) y el perímetro de riego (desde Altea hasta la Vila Joiosa). El Plan Gasset (1902) aceptó la propuesta.

Poco después, Fernando Trenor Palavicino y Felipe Rivero Ferrer redactaron el pro­yecto. Ambos respetaron las características de la propuesta de Lafarga, aunque bajando la cola del canal al proyectar dos presas de menor altura en los ríos Callosa y Algar. Los sondeos realizados por González Granda y los estudios geológicos del P. Leandro Calvo y de Nikles aconsejaron diseñar presas subálveas.

A fines de los años diez y a lo largo de los años veinte, la División Hidráulica del Júcar trabajó en las obras del entonces llamado canal de Eduardo Dato. El Plan Nacional de Obras Hidráulicas (1933) apostaba por la continuación y culminación del canal del Algar.

Otra zona sobre la que desde antiguo se había especulado con su puesta en regadío eran los secanos de Lliria y Casinos. En 1916, el ingeniero José Marqués terminó el proyecto de la zona regable y canales principales asociados al proyectado pantano de Artaj (37 Hm3). Según el ingeniero, era una zona modesta (2.750 hectáreas) pero que serviría de estímulo para poner en riego 20.000 hectáreas en el momento que se construyera Benagever. El proyecto de José Marqués -originario de Lliria y futuro ingeniero-director de la Delegación de Servicios Hidráulicos del Júcar- no se realizó de inmediato.

Por contra, se abrieron los canales de la zona regable dominada por el pantano de María Cristina. El proyecto contemplaba el trazado de 45 Km. de canalizaciones con varios acueductos. Para organizar estos nuevos regadíos, se formó una comunidad de regantes que mantenía frecuentes conflictos con la sociedad propietaria del embalse.

 

 

3.4. ABASTECIMIENTOS Y SANEAMIENTOS

La dependencia del Júcar también intervino en obras de abastecimiento y saneamiento urbanos bien en la redacción de proyectos o bien en la confrontación de los realizados por otras personas profesionales. La ingeniería sanitaria -que tanto había preocupado a algunas personas encargadas de la ingeniería higienista- empezaba a dar pasos hacia la generalización de un servicio fun­damental para la ciudadanía.

Estas infraestructuras, al menos en las ciudades mayores, estaban municipalizadas y eran explotadas por empresas concesionarias. La División del Júcar no tuvo participación en la gestión ni tampoco en los proyectos de ampliación o mejora de las redes. No en vano, algunas corporaciones contaban con sus propias plantillas de ingenieros.

Sin embargo, las pequeñas entidades de población carecían de dichos recursos humanos por lo que la División proyectó -y en muchas ocasiones dirigió- las obras de abastecimientos urbanos. El archivo de la Confederación contiene una amplia muestra de las intervenciones. La plantilla de ingenieros de zona era responsable de atender las necesidades mostradas por las corporaciones locales.

Hasta 1913, las infraestructuras de abastecimiento -fuera de las ciudades- eran muy limitadas. La ley de 1913 desencadenó un proceso acelerado de redacción de proyectos y liquidación de obras. En 1935, muchas poblaciones ya disponían de lavaderos, fuente o fuentes públicas y abrevaderos. Aunque en muchos pueblos se ha alterado o han desaparecido tales infraestructuras, en otros todavía subsisten y merecerían una catalogación.

Obviamente, los alcantarillados y saneamientos de poblaciones proyectados y ejecutados por la División fueron más limitados y comprendían entidades de mayor dinamismo demográfico y económico (Alzira, Carcaixent, Cocentaina, etc.). Estas obras de infraestructura representan un cambio radical en las condiciones de salubridad y morbilidad de la población que merecerían contemplarse con mayor detalle en los argumentos de la transición demográfica.

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