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Los ingenieros del Júcar y los usuarios del agua

La aplicación de la legislación despatrimonializadora del agua aumentó las facultades de la Administración en la gestión del recurso y alteró la estructura interna de las comunidades de regantes. El empleo agrícola del agua -hasta entonces casi exclusivo de las huertas tradicionales- se incrementó significativamente entre 1865 y 1935 mediante la captación de recursos subterráneos. Al mismo tiempo, nuevos usos industriales diversificaron las características y las relaciones de los usuarios concurrentes en las márgenes de los ríos de la División del Júcar.

Los ingenieros de la División -pertenecientes a un cuerpo de élite de la Administración liberal- intervinieron en el proceso de aumento numérico y de diversificación de usuarios. No en vano, la oficina del Júcar informaba asuntos aunque las concesiones siguieron tramitándolas las jefaturas provinciales de Obras Públicas hasta 1927. En efecto, la visita de inspección y el informe del ingeniero encargado de zona -siempre acompañado del preceptivo informe del ingeniero-jefe de la División- formaban parte sustancial en la tramitación de los expedientes administrativos de aguas. El informe técnico -verdadero filtro de las relaciones de los usuarios con la autoridad política- expresaba el poder de los ingenieros en la gestión del dominio público de los ríos. Las limitaciones del marco legal, los giros de la política de Fomento y las sucesivas crisis del poder político convirtieron a la División del Júcar en una oficina hasta donde llegaban las pugnas de intereses de los antiguos y nuevos usuarios del agua.

El análisis de las relaciones de los ingenieros del Júcar con los usuarios del agua entre 1865 y 1935 se revela como un foco de gran interés. El estado actual de la investigación, sin embargo, sólo permite apuntar y aportar algunos ejemplos significativos referidos a los regadíos históricos y a los nuevos aprovechamientos hidroeléctricos.

4.1. Los regadíos históricos

4.2. La división y los nuevos regantes

4.3. La división y los usuarios eléctricos

4.1. LOS REGADÍOS HISTÓRICOS 

Hasta 1865, los principales usuarios del agua eran las numerosas huertas localizadas en las márgenes de los ríos. Sin apenas obras de regulación, los caudales de estiaje eran las únicas dotaciones disponibles para los cultivos estivales. Estrictas normas de distribución atendían las demandas y resolvían los recurrentes conflictos entre comunidades y regantes. La superficie de los regadíos históricos no se modificaron entre 1865 y 1935. No obstante, la incursión de nuevos usuarios también afectó a las huertas tradicionales.

Los ingenieros de la División del Júcar se relacionaron con sistemas de riego diseñados para hacer uso de todo el caudal de estiaje. Aún antes de la regulación de los ríos, los regadíos históricos habían iniciado un complejo proceso de adaptación hidrológica y social al nuevo ordenamiento legal de aguas.

Estadísticas y descripciones: Hacia 1865, los perímetros históricos de los regadíos del este de España habían sido ampliamente descritos por abogados e ingenieros. Algunos escritos alcanzaron reconocido prestigio internacional (p. ej. Jaubert de Passa. Aymard, Markham) o se esgrimieron como argumento en la polémica abierta desde finales del siglo XVIII acerca del régimen jurídico de las aguas.

Entre 1865 y 1871, los ingenieros de la División Hidrológica de Valencia elaboraron estadísticas de las superficies de las huertas tradicionales. Años después, Llauradó (1878) sintetizó dichas informaciones (cuadro II).

Cuadro II

PRINCIPALES REGADÍOS DE LA DIVISIÓN HIDROLÓGICA DE VALENCIA

HUERTAS

Superficie (Has)

Cuenca del Segura

33.283

Cuenca del Vinalopó

9.013

Pantano de Almansa

1.400

Pantano de Tibi

3.628

Cuenca del Serpis

4.300

Ríos Canales y Catauban

1.000

Región inferior del Júcar

33.155

Región inferior de Turia

13.705

Cuenca del Palancia

9.977

Región inferior del Millares

9.673

En 1900, los ingenieros de la División de Trabajos Hidráulicos del Júcar y Segura -a la hora de justificar sus propuestas de obras para su inclusión en el futuro Plan Gasset- ­describieron las superficies de los regadíos históricos que resultarían beneficiados. Así, Fernando Juan Burriel -autor de la propuesta y del proyecto de Buseo- dedicó unas páginas a las características de la Huerta de Valencia. Por su parte, Fernando Trenor -proyectista del pantano de Azuebar- analizó los regadíos del bajo Palancia. Otro tanto, sucedía en otros sistemas de riego de la División.

Años más tarde, Próspero Lafarga en un artículo incluido en la Revista de Obras Públicas (1911)- analizó los riegos de Elche. Tras una caracterización hidrográfica de la cuenca del Vinalopó, describe los regadíos de Elx y la zona susceptible de riego. Para mejorarlos, propone la desviación de las aguas del lecho fluvial en la cola del embalse, la limpia del pantano y el recrecimiento de la presa, el revestimiento de acequias y el encau­zamiento del último tramo de la Rambla aguas abajo de la ciudad. Este conjunto de obras -incluidas en el Plan Gasset- se encontraban en fase de ejecución. De hecho, en 1911 ya se había realizado el canal de desviación del río Vinalopó (Fausto Elío, 1910).

En proyectos e informes inéditos del primer tercio del siglo XX, existen numerosas referencias a las superficies de las huertas tradicionales. En el momento que se sistematicen estos escritos, podrá reconstruirse una geografía de los regadíos históricos muy precisa en algunos casos. No en vano, el Servicio Central Hidráulico reclamaba estadísticas de los aprovechamientos agrarios.

Los técnicos en los conflictos de regantes: Los conflictos entre acequias eran episodios recurrentes. En muchas ocasiones, los ingenieros de la División participaron en la resolución de tradicionales disputas que, a menudo, sobrepasaban la componente hidráulica. Entre los muchos conflictos registrados, sólo se aludirá a uno de ellos como paradigma de conflictividad y rivalidad entre comunidades de regantes.

A fines de los años veinte, se reavivó un antiguo conflicto de las acequias de la Vila y Ranes pertenecientes al término de Xàtiva y la acequia de Canyamars de Canals. En la pugna participan -además de las Comunidades de Regantes-los respectivos Ayuntamientos, el Gobernador Civil de Valencia y el propio Ministro de Fomento. La División Hidráulica del Júcar realizó diferentes aproximaciones -campañas de aforos, informes, etc.- a un problema algo más que hidráulico. El ingeniero-jefe Monfort y, sobre todo, el ingeniero encargado de zona Fausto Elío propusieron soluciones que difícilmente podían aceptar ambas partes. Tal vez, en este contexto deban situarse las primeras propuestas del pantano de la Foia de Cerda.

A medida que avanzan las primeras décadas del siglo XX, los conflictos entre usuarios históricos y los nuevos aprovechamientos de las márgenes fluviales adquieren nuevas expresiones. Los regantes de la Huerta de Valencia y de la Acequia Real del Júcar (1934) denuncian embalses abusivos de los concesionarios de saltos eléctricos. También la Junta Directiva de Aguas de la Plana (1924) señalaba abusos en la cuenca del Millars. El Tribunal de las Aguas (1935) también denunciaba a las fábricas de electricidad por los represamientos. Ante tales reclamaciones, los ingenieros de la oficina del Júcar informaron dando la razón a los regadíos históricos.

Mejora de dotaciones: Sin obras de regulación, las dotaciones de las huertas tradicionales estaban condicionadas por el caudal de base de los ríos: los estiajes limitaban a menudo los rendimientos agrarios de las colas de las acequias. Los extremales y otros sectores de los regadíos históricos sólo disponían de regadíos eventuales. En otros casos, los déficits hídricos eran estructurales.

A lo largo del primer tercio del siglo XX, se proyectaron y, en algunos casos, se proyectaron obras -diferentes a los pantanos- para incrementar las dotaciones de los regadíos históricos. Entre ellos deben citarse los bombeos.

En 1907, se constituyó la Sociedad del Real Canal de la Huerta de Alicante por iniciativa de Alberola. La Sociedad adquirió varias concesiones de pozos en Villena y construyó un canal de 68 Km. Además de beneficiar tierras del valle de Vinalopó hasta Agost, el canal alcanzaba la Huerta de Alicante.

Por su parte, en 1916 el ingeniero encargado de zona de la División realizó sendos proyectos de bombeo desde la Albufera de Valencia a Sollana y Silla con objeto de incrementar la dotación de los tramos finales de la Acequia Real del Júcar.

Ordenamiento y modulación de regadíos: El Servicio Central Hidráulico -avanzados los años diez del siglo XX- dispuso que en cada una de las Divisiones se organizara un servicio de ordenamiento y modulación de regadíos. Este servicio fue operativo, al menos, en la División Hidráulica del Ebro: anualmente procedía al estudio de los regadíos de algún afluente del Ebro. Algunos documentos cartográficos elaborados por el servicio se aportaron al I y II Congreso Nacional de Riegos.

Al parecer, el servicio de ordenamiento y modulación de regadíos en la División Hidráulica del Júcar no realizó una labor tan sistemática porque el contexto era diferente. Los regadíos locales de pozos estaban adquiriendo un auge inusitado y se situaban fuera del control de la División Hidráulica del Júcar. En los regadíos históricos más extensos y mejor organizados, carecía de sentido la modulación al ser superficies situadas en la cola del sistema fluvial.

Por ello, la modulación de regadíos se dirigió a las huertas históricas menos organiza­das con objeto de detraer dotaciones para nuevos usuarios agrarios o industriales. En este punto, deben citarse la modulación de la cuenca del Sallent. En ocasiones, la modulación era la vía de resolución de conflictos pero, en otros casos, generaba enfrentamientos con los regantes tradicionales quienes consideraban lesionados sus derechos históricos.

 4.2. LA DIVISIÓN Y LOS NUEVOS REGANTES  

Entre 1865 y 1935 hubo un significativo incremento de la superficie del regadío en el territorio de la División. En las orlas de las huertas tradicionales se desarrollaron nume­rosos "pequeños regadíos" basados en la utilización de aguas subterráneas, de corto caudal, alumbrados por medio de pozos y galerías, elevados mecánicamente y destinados al riego del mismo propietario de la explotación agrícola. En palabras del ingeniero Sanchís Tarazona en una ponencia del III Congreso Nacional de Riegos -celebrado en Valencia en 1921- los pequeños regadíos eran, desde el punto de vista administrativo, aprovechamientos de aguas de dominio privado aplicadas al uso particular.

En consecuencia, la División Hidráulica del Júcar no participó en el proceso de expansión de los nuevos regadíos. El discurso hidráulico del regeneracionismo apenas tuvo eco en el "país clásico del regadío". La iniciativa privada, con aguas de dominio privado, incrementó el número de los nuevos regantes y la superficie de los "pequeños regadíos".

La máquina de vapor y los motores eléctricos fueron los instrumentos tecnológicos que permitieron la expansión del regadío fuera de las acequias clásicas. Hace años, el geógrafo López Gómez (1974) apuntaba que la región debió ser un buen cliente de empresas extranjeras y nacionales de suministros de maquinaria (p. ej. "La Maquinista Terrestre y Marítima" de Barcelona, "Morris" de Valencia) y sugería que su estudio podría ser revelador de la dinámica modernizadora de los nuevos regadíos.

No se puede avanzar todavía un estudio sistemático, aunque muchos geógrafos -directa o indirectamente vinculados al profesor Antonio López Gómez- han analizado el fenómeno a escala local, comarcal o provincial. Por su parte, geólogos (Vilanova y Piera, el P. Leandro Calvo), ingenieros agrónomos (como Luis Janini) e ingenieros de minas (como Luis García Ros, memorias de la primera serie de los mapas geológicos) fueron testimonios de un espectacular proceso de transformación paisajística que convendría sistematizar también en términos hidrológicos, ambientales y patrimoniales.

Al principio, los pozos con motobombas fueron iniciativa de terratenientes poderosos ya que requerían capitales de cierta importancia, más aun si implicaba las operaciones de transformación de secano en regadío. No lejos de las huertas tradicionales, se organizaron los huertos de naranjos con modernas arquitecturas domésticas, adyacentes al motor con su chimenea. Después comenzaron las agrupaciones de propietarios medios para la explotación colectiva de pozos, generalmente en forma de sociedades civiles mediante participaciones o "acciones" que daban derecho al riego de cierta extensión y, tras pro­rratear los gastos, repartían los posibles beneficios por venta del agua excedente.

También se formaron compañías para el alumbramiento y venta de aguas subterráneas sin ninguna participación en la propiedad de la tierra. Diferentes geógrafos se han referido a esta modalidad de usuarios del agua en diferentes comarcas valencianas.

Finalmente, cabe mencionar la sociedad "Regadíos y Energía de Valencia" (REVA), de capital esencialmente extranjero (belga y suizo) que desde los años veinte pugnó por introducirse en el sector eléctrico y en el sector agrario (transformación de secanos en naranjales). Esta sociedad está esperando una monografía que explique los amplios frentes abiertos para su penetración en sectores de gran dinamismo económico (la exportación de naranjas y la producción eléctrica).

En 1931 REVA, presentó a la División Hidráulica un proyecto de bombeo desde los Ullals de Resalany para transformar unas 2.000 Has en regadío que fue aprobado. Diferentes Ayuntamientos de la Ribera Baixa (Sueca, Cullera y Fortaleny) protestaron la concesión. Dos años antes, REVA había solicitado bombear aguas de la Albufera de Valencia para transformar en regadíos secanos de los términos de Silla, Alcasser, Picassent y Torrent. No obstante, su principal transformación en regadío se realizó en el Pla de Quart, con notables beneficios económicos.

En el III y IV Congreso Nacional de Riegos -celebrados en Valencia, 1921 y en Barcelona, 1927- se suscitó la cuestión de los "pequeños regadíos" nacidos "de la máquina de vapor y de la dinamita". García Ros -ingeniero jefe del distrito minero de Valencia valoraba que en 1927 el agua utilizada para riego elevada mecánicamente equivalía a 16.000 m3/seg que representaba el doble de la dotación de la Huerta de Valencia. La superficie regada mediante captaciones subterráneas comprendía entre las 25 o 30 mil hectáreas. "Esta maravilla ha realizado el labrador en el espacio de 40 años, sin la ayuda de nadie, sin conflictos, sin bancos, sin auxilios".

En 1931, el Distrito Minero de Valencia elaboró un exhaustivo censo municipal de las captaciones fluviales en la provincia de Valencia, que permitirá reconstruir la magnitud del proceso desde finales del siglo XIX.

En resumen, el marco legal -aguas superficiales de dominio público y aguas subterráneas de dominio privado- y las consiguientes competencias corporativas -ingenieros de caminos (aguas superficiales) e ingenieros de minas (aguas subterráneas)- marginaron a la División del Júcar en el proceso de creación de los nuevos regadíos subterráneos.

 

 

 4.3. LA DIVISIÓN Y LOS USUARIOS ELÉCTRICOS  

Desde los años finales del siglo XIX, en los principales ríos de la División irrumpen nuevos concesionarios que solicitan caudales fluviales y saltos para ubicar fábricas de electricidad. Pequeñas compañías locales y comarcales iniciaban el abastecimiento de energía eléctrica de los principales núcleos de población. Durante décadas, las jefaturas provinciales de Obras Públicas tramitaron las numerosas concesiones y las ventas de concesiones.

Las diferentes etapas y coyunturas del proceso de electrificación seguido en España hasta 1935 quedaron reflejadas, entre otras, en la Revista de Obras Públicas, en los Anales de la Asociación de Ingenieros del Instituto Católico de Artes e Industrias, en Ingeniería y Construcción, en las memorias anuales de actividades de las sociedades eléctricas, en las publicaciones del Consejo de la Energía, en las estadísticas del Ministerio de Fomento, etc. Puede resultar de interés compararlas con el ritmo de la electrificación europea a través de La Houille Blanche, Le Genie Civil, las actas de los congresos internacionales, etc. Recientemente, la Revista de Historia Económica ha recuperado el tema de la electrificación en el contexto del crecimiento económico español de las tres primeras décadas del siglo XX.

A otra escala, cabe citar la monografía de Casimir Melià (1975) -ingeniero industrial destinado muchos años en la Delegación Provincial de Industria de Castellón- donde se describe con detalle los orígenes y desarrollo de los servicios eléctricos en la provincia de Castellón. El análisis constituye una muestra del proceso generalizable más allá de los límites provinciales.

Pequeños concesionarios y redes eléctricas comarcales: La primera etapa de la electrificación estuvo protagonizada por suministros locales procedentes de turbinas instaladas en antiguos molinos acondicionados para los nuevos usos. Las instalaciones y, sobre todo, las concesiones avanzaron en extensión por las márgenes de los ríos buscando la privilegiada situación de primo ocupante. Obtenida la concesión, no siempre se disponía de los capitales necesarios para realizar las obras de modo que algunos fracasaron o las vendieron a otros concesionarios.

Los ejemplos podrían multiplicarse, pero seleccionaré un ejemplo representativo de los pequeños abastecimientos eléctricos y haré una breve referencia a un concesionario ilustre.

En 1901, se construyó una central en el Molí de Malany con un salto de 30 m. El topónimo sugiere un sostenido caudal de base en el Riu de la Sénia. Ese mismo año, la población inmediata de la Sénia ya disponía de fluido eléctrico. Al año siguiente, el salto hidroeléctrico de Malany se completó con una máquina de vapor de 60 C.V. y la sociedad Eléctrica del Cenia pronto alumbró Ulldecona, Vinaròs y Rossell. Esta pequeña sociedad fue adquirida en 1920 por SECE (Sociedad Española de Construcciones Eléctricas, S.A.) que operaba en la comarca de Tortosa.

Entre la larga lista de los primeros concesionarios, he encontrado a D. Vicente Blasco Ibáñez. En 1900, solicitaba una prórroga de cuatro años para realizar las obras del salto de Chulilla. También se encuentra entre los concesionarios del salto de Domeño. A fines de la primera década del siglo, Blasco Ibáñez desaparece del negocio eléctrico. Se estaba cerrando la etapa de los pequeños concesionarios y había comenzado el proceso de con­centración empresarial.

El proceso de concentración empresarial fue complejo. En las décadas siguientes, los pequeños concesionarios cedieron protagonismo ante la creciente expansión de empresas de mayor tamaño. Finalmente, la Sociedad Hidroeléctrica Española, S. A. se convirtió en el principal usuario eléctrico de los ríos de la División.

La Sociedad Hidroeléctrica Española: En 1907, Lucas Urquijo y Juan Urrutia fundan esta sociedad para suministrar energía a Madrid y Valencia desde los saltos del río Júcar. El proceso de expansión de la sociedad constituye un obligado referente en el análisis de la División Hidráulica del Júcar. No en vano, entre 1907 y 1935 la Sociedad Hidroeléctrica Española -del grupo industrial del Banco de Vizcaya- se erigió en el prin­cipal usuario hidroeléctrico de los ríos de la División.

En 1907, la Hidroeléctrica Ibérica -hasta entonces orientada a los abastecimientos eléctricos de la comarca bilbaína- adquirió los derechos que el concesionario Enrique Gozálvez tenía sobre el Salto del Molinar. El grupo bilbaíno se localizó en el río Júcar, fundó la Sociedad Hidroeléctrica Española y rápidamente ordenó e intensificó los trabajos en el citado salto, situado a unos 80 Km. de la ciudad de Valencia y a unos 250 de Madrid. El Salto del Molinar explotaba los rápidos fluviales cercanos a Villa de Vés, esto es, el desnivel más brusco entre Alarcón y el mar y los caudales de descarga del acuífero de los Llanos de Albacete. El Salto del Molinar ofrecía óptimas condiciones que, de inmediato, fue dotado con una capacidad de producción de 70 GWh anuales. Con un canal de apenas 5 Km. de longitud se habían conseguido 65 m. de desnivel. En 1908 se instalaron tres grupos iguales de turbina-alternador de 4.500 kW cada uno. En 1911 la central se amplió con otro grupo.

En 1912, la Sociedad Hidroeléctrica Española adquirió a Juan Casanova la concesión de Víllora en el río Cabriel. Las obras de adecuación consistieron en una presa y un túnel que derivaban aguas del Cabriel a su afluente el río Guadazaón. Se consiguieron 111 m. de salto con sólo 900 m. de canal. Avanzado 1914, se inauguró el Salto de Víllora con dos grupos gemelos de turbina-alternador que sumaban una potencia de 12 MW. En los años siguientes se reguló el Guadazaón mediante la presa y embalse del Batanejo (de 15 m. de altura) para equilibrar las alteraciones en el régimen del río Cabriel. Al ser insuficiente, aguas arriba de Víllora se construyó el embalse del Bujioso y aguas abajo el contraembalse de la Lastra. El sistema se completó finalmente con la central de Batanejo que se inauguró en 1926.

La misma sociedad compró en 1913 la concesión de Dos Aguas. Un canal bordearía el cauce fluvial por la margen izquierda a lo largo de 27 Km. y cruzando mediante sifones dos barrancos alcanzaría el barranco del Falón donde se construiría una central subterránea la cual devolvería las aguas al río Júcar mediante un túnel de 1,5 Km. de longitud. Era un proyecto lleno de dificultades y pronto -en el contexto de la fuerte demanda energética asociada a la guerra europea- se iniciaron las obras. No obstante, el proyecto originario se transformó en dos actuaciones (Cortes de Pallás y Millares).

La primera parte del proyecto de Dos Aguas se transformó en el Salto de Cortes de Pallás. Un canal por la margen izquierda del río Júcar de unos 7 Km. de longitud hasta la Rambla Seca proporcionaba 81 m. de desnivel y, al pie, era factible instalar una central provisional de 30.000 kW (que doblaría la potencia hasta entonces instalada en MolinarVíllora). Sobre la marcha el proyecto se reformó situando la presa de derivación en la confluencia del Júcar-Cabriel. En 1922 entraba en funcionamiento el primer grupo de la central de Cortes y poco después (julio de 1923) se ponía en marcha el segundo grupo. Las obras de Cortes de Pallás llegaron a ocupar simultáneamente a unos 3.500 obreros.

La Central de Cortes se convertía en el salto base de la Sociedad. En 1930, conjugando Cortes y las ampliaciones de Víllora se obtuvieron 163 GWh con 5.400 horas de utilización. Este rendimiento no volvería a alcanzarse hasta 1946, pero para entonces ya represaba el pantano de Alarcón.

La red de centrales principales de la Sociedad se completó con el Salto de Millares. En 1928, Hidroeléctrica Española activó este proyecto. El canal -con una capacidad de 55 m3/seg- discurría por un túnel hasta la central. La presa de derivación se construyó entre 1930 y 1932. Poco después, en 1933 se inauguró la central dotada de dos grupos verticales, de 20.000 kW cada uno y en 1935 se amplió con un tercer grupo.

La Sociedad Hidroeléctrica Española detentaba además otras pequeñas concesiones (Tranco del Lobo, Picazo, etc.) en el Júcar aguas abajo de Alarcón. En apenas treinta años el sistema Júcar-Cabriel se había situado entre los principales ríos hidroeléctricos de España. Los técnicos de la Sociedad habían aplicado tecnologías punteras a uno de los ríos peninsulares donde los aprovechamientos hidroeléctricos rentabilizaban la regularidad de los caudales de base, los desniveles topográficos y la proximidad de los mercados urbanos.

En efecto, pronto las centrales del Júcar medioCabriel quedaron conectadas a Madrid y el litoral mediterráneo. En 1909, el Salto del Molinar abastecía Madrid mediante una línea -254 Km de longitud- de doble circuito. Inmediatamente se tendieron las líneas MolinarValencia, MolinarAlcoi-Alicante y MolinarCartagena, El Salto de Víllora reforzó el servicio al quedar conectada a la subestación de Olmedilla. En 1914, la Sociedad Hidroeléctrica Española ya poseía una red de 585 Km de longitud a 66 kW.

Años después, se introdujo la alta tensión en la línea OlmedillaMadrid (1926) mientras se ampliaba la red MolinarCiezaCartagena y se prolongaba desde Valencia a Sagunt, Castelló y Peñíscola y desde Valencia a Alzira y Gandía.

En 1931, la cuenca del Júcar-Cabriel era la tercera en producción eléctrica de España, tras el sistema del Ebro y los saltos de la vertiente cantábrica (donde se localizaban la Hidroeléctrica del Cantábrico, Viesgo, etc.). Era un claro indicador de la transformación acontecida entre los usuarios del río Júcar.

En 1935, la Sociedad Hidroeléctrica española -perteneciente al Banco de Vizcaya- contaba con dos filiales (Electra Valenciana, S.A. Volta) y abastecía a otras sociedades eléctricas (Sociedad Valenciana de Electricidad, Unión Eléctrica Levantina, Hidroeléctrica de Valencia, Hidroeléctrica Ayelense, Hidroeléctrica del Millares, ElectroTextil S.A., etc.). El proceso de concentración del sector eléctrico estaba muy avanzado.

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